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jueves, 21 de febrero de 2008

spam en blog

El spam no es lo peor de la internet, a mí -sinceramente- se me hace más desagradable que un tal Google incremente las "capas" en el servicio de espionaje satelital. No me agrada la idea que un gran OJO nos vigile (soy pudoroso, esos es). Pero el spam, tampoco es una bondad de la internet, estarás de acuerdo.

Hemos recibido en émula en un día DOS "comentarios" tipo spam (de jon y fox) que invitan a picar un vínculo: "look here". El vínculo es publicidad de un "antivirus", según: http://xpantivirus.com (con un logo parecido al de Windows y las iniciales XP). Al buscar en google la página no aparece. En fin, como todo spam, es una mala idea, simplemente.




GALERÍA de BLOGGER-SPAMMER





(¿cuánto pagarán por hacer eso?... o será un programa automatizado? agradeceremos si alguien nos puede hablar más sobre este tema.)

sábado, 24 de noviembre de 2007

El Protocolo De Kyoto.


Uno de los desafíos del siglo XXI es el cambio climático. El problema surgido por la generación excesiva de gases de efecto invernadero, puede desencadenar una serie de consecuencias que afectarían a toda la humanidad. Con el fin de evitar los daños futuros y haciendo gala de una importante muestra de voluntad, los principales países industrializados crearon el Protocolo de Kyoto.
En la Guía de sensibilización sobre el Protocolo de Kyoto se pretende analizar el texto del Protocolo para facilitar su comprensión, así como para extraer las repercusiones que tiene para el mundo y todo su parque empresarial. Del mismo modo se hace especial incidencia en las oportunidades de crecimiento que se presentan, con el fin de establecer un nuevo concepto de crecimiento basado en el desarrollo sostenible.

p.d. hasta ahora los Estados Unidos no han querido firmar dicho protocolo, para ma´s información consulta la pag. www.protocolo de kyoto.com

enviado por: mafaldapaz

viernes, 26 de octubre de 2007

desechando lo desechable


por MARCIANO DURÁN:


no, no es por qué todavía no compre un DVD y tampoco es de eduardo galeano, lo que pasó fue un lapsus spam


Seguro que el destino se ha confabulado para complicarme la vida.
No consigo acomodar el cuerpo a los nuevos tiempos.
O por decirlo mejor: no consigo acomodar el cuerpo al “use y tire” ni al “compre y compre” ni al “desechable”.
Ya sé, tendría que ir a terapia o pedirle a algún siquiatra que me medicara.
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los gurises.
Los colgábamos en la cuerda junto a los chiripás; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos… nuestros nenes… apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales).
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!
Sí, ya sé… a nuestra generación siempre le costó tirar.
¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables!

Y así anduvimos por las calles uruguayas guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.
¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor.
Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.
Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.
Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plast de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida.
¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Nos están jodiendo!
¡¡Yo los descubrí… lo hacen adrede!!
Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo.
Nada se repara.
¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommier casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se deshecha y mientras tanto producimos más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)
No existía el plástico ni el nylon.
La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De por ahí vengo yo.
Y no es que haya sido mejor.
Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo” pasarse al “compre y tire que ya se viene el modelo nuevo”.
Mi cabeza no resiste tanto.
Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya sí era un nombre como para cambiarlo)
Me educaron para guardar todo.
¡Toooodo!
Lo que servía y lo que no.
Porque algún día las cosas podían volver a servir.
Le dábamos crédito a todo.
Sí… ya sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.
Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas de jardinera… y no sé cómo no guardamos la primera caquita.
¡¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?!
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.
El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.
Y guardábamos.
¡¡Cómo guardábamos!!
¡¡Tooooodo lo guardábamos!!
¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!
¡¿Cómo para qué?!
Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares.
Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.
¡Tooodo guardábamos!
Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.
Y las cosas que nunca usaríamos.
Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.
Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.
Cañitos de plástico sin la tinta, cañitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.
Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraran al terminar su ciclo, los uruguayos inventábamos la recarga de los encendedores descartables.
Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de paté o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.
¡Y las pilas!
Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa.
Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.
No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables… eran guardables.
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque del Banco de Seguros para hacer cuadros, y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.
Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posamates, y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de cartas se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal.
Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos.
Así como hoy las nuevas generaciones deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada… ni a Walt Disney.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron “Tómese el helado y después tire la copita”, nosotros dijimos que sí, pero… ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos.
Las primeras botellas de plástico -las de suero y las de Agua Jane- se transformaron en adornos de dudosa belleza.
Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.
No lo voy a hacer.
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.
No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.
No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.
De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.
Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo que la bruja me gane de mano … y sea yo el entregado.
Y yo…no me entrego.
Marciano Durán
2006 Enero

jueves, 18 de octubre de 2007

atención! terrícolas


HABITANTES DEL PLANETA TIERRA

Proteger, Preservar, Recuperar los Recursos Naturales

Es Tarea de Todos

Por: Maritoni Rodriguez



A diario nos enteramos por medio del radio y la televisión, de noticias desagradables en relación al grave deterioro ambiental, desastres que se originan principalmente por consecuencia de la falta de una cultura ambiental, de prácticas ancestrales, indiscriminadas que se utilizan en diversas industrias. Es alarmante observar como se están agotando nuestras reservas naturales, a pesar de que existen instituciones encargadas de señalar y castigar los delitos en contra del medio ambiente (SEMARNAT,PROFEPA,etc.), resultan insuficientes los recursos humanos y financieros de estas dependencias para combatir a depredadores inconscientes que continúan saqueando y talando nuestros bosques y selvas.



La riqueza de especies vegetales y animales se han perdido, algunas extinguido, por la devastadora acción humana, sin embargo, aún hay esperanzas de recuperación si se actúa con firmeza y prontitud en el rescate de nuestro ecosistema, especialistas en medio ambiente aseguran que los bosques y selvas neotropicales poseen una capacidad extraordinaria para recuperar su biodiversidad y sus funciones. Existen excelentes propuestas de proyectos para rescatar y preservar nuestro entorno, elaborados y presentados por docentes y alumnos de diversas instituciones superiores, universidades y áreas de investigación; Para consumar positivamente estos proyectos se requiere reunir los recursos humanos y económicos de las diferentes instancias encargadas de proteger y conservar los recursos naturales, sumando esfuerzos las instituciones y sociedad civil etc., trabajando de forma coordinada y permanente

Es urgente efectuar una cruzada ambiental que vaya más allá de breves spot; las campañas deben efectuarse en forma directa y explícita a los ciudadanos, tratando de que, de una vez por todas los habitantes de este planeta entiendan el grave riesgo en que nos encontramos por la falta de una cultura ambiental, tenemos que aprender a respetar la casa donde habitamos porque no hay otra!, o talvez haya muchas pero están a millones de millones de kilómetros de este mundo. Vivimos con tal ignorancia,

sumidos en nuestras preocupaciones cotidianas, restando importancia a este espacio que Dios nos dio, olvidando que la tierra nos brinda los frutos que comemos, el aire que respiramos, el agua que tomamos y nos aseamos para vivir con dignidad, pues bien¡!...esa misma dignidad lo exige ahora nuestro planeta!¡ las consecuencias de las pruebas nucleares de las naciones “de primer mundo”¿?, las industrias que contaminan la capa de ozono¿?, la tala inmoderada de zonas boscosas y selvas, la contaminación de ríos, de nuestras calles, a diario observamos a personas que van en colectivos y también en algunos coches de lujo tirando basura que se van a las alcantarillas, observarlos y quedarnos callados con esas personas nos hace cómplice, debemos encontrar la forma para decirles y hacerles entender lo mal que hacen, tenemos que unirnos y exigir por todos los medios de comunicación la recapacitación de cada uno de nuestros actos cotidianos en materia ambiental.

Las condiciones atmosféricas de nuestro ecosistema, la estamos sintiendo cada día, manifestándose en cambios bruscos de temperatura, sequías o inundaciones. Para salvaguardar la biodiversidad que aún queda de nuestro planeta, tenemos que unirnos en una voz y un pensamiento, señalar en la medida de nuestras posibilidades a personas inconscientes que lucran con el patrimonio natural que pertenece a toda la humanidad.

Aquellos que tenemos la oportunidad de estudiar y de vivir en zonas donde existe la infraestructura y los servicios necesarios, que nos mantienen informados de las tragedias ambientales “tenemos la obligación moral” de informar y despertar las conciencias de ciudadanos indiferentes a esta realidad con matices apocalípticos, estar pendientes en el cuidado de nuestro planeta. Exigir a las autoridades más eficiencia en sus reglamentos para detener a los que lucran con empresas que afectan el ambiente, por nuestra parte, contribuir con un granito de arena en bien de nosotros mismos y las futuras generaciones.



Correo electrónico: mafaldapaz@hotmail.com.mx

martes, 16 de octubre de 2007

por qué todavía no compre un DVD


por Eduardo Galeano


Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡ Se entregaron inescrupulosamente a los desechables !

Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡ Ni los desechos nos resultaron muy desechables ! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.

¡ Nooo ! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡ Guardo los vasos desechables ! ¡ Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez ! ¡ Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos ! ¡ Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos !

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. ¡ Es más ! ¡ Se compraban para la vida de los que venían después ! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

¡ Nos están fastidiando ! ¡¡¡ Yo los descubrí. Lo hacen adrede !!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿ Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike ? ¿ Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa ? ¿ Quién arregla los cuchillos eléctricos ? ¿ El afilador o el electricista ? ¿ Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros ?

Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡ Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero !! ¡¡ Lo juro !! ¡ Y tengo menos de xx años ! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (¡ y no estoy hablando del siglo XVII !). No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.

De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo' pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'. Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (¡¡¡ y vaya si era un nombre como para cambiarlo !!!).

Me educaron para guardar todo. ¡¡¡ Toooodo !!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo. Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita.

¿ Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo ?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.
Y guardábamos. ¡¡ Como guardábamos !! ¡¡ Tooooodo lo guardábamos !! ¡ Guardábamos las chapitas de los refrescos ! ¡¿ Cómo para qué ?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡¡¡ Tooodo guardábamos !!!

Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón... Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables.

Y las Gillette - hasta partidas a la mitad - se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.

¡ Y las pilas ! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín. Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡ Los diarios !! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡ Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne !

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos… Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'este es un 4 de bastos'.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa (broches) y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney.

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡ minga que la íbamos a tirar ! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se tansformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡ Ah ¡ No lo voy a hacer !

¡ Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable ! Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.

De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.

Hasta aquí.

-Eduardo Galeano

lunes, 27 de agosto de 2007

Asunto: NO CONTAMINEMOS

donde recla el sol, tomado de AMALIA
Sabes donde tirar el aceite de las frituras o de todos los alimentos que preparamos en aceite, hechos en casa?. Tal vez si, pero siempre es bueno divulgar una información como esta.
Aunque no cocinemos muchos alimentos fritos en aceite, cuando lo hacemos, "normalmente" tiramos el aceite usado en la pileta de la cocina o en algún otro resumidero, Verdad?. Ese es uno de los mayores errores que podemos cometer.
Por que lo hacemos?. Simplemente porque no hay nadie que nos explique como hacerlo en forma adecuada. Siendo así, lo mejor que podemos hacer o recomendar hacer es:

1.- Esperar (Si, esperar, aunque eso te tome un poco mas de tiempo) a que el Aceite usado se enfríe.
2.- Colocar el aceite de desperdicio en una botella de plástico (como las de refresco, o similar.)
3.- Cerrarla y colocarla luego en la basura inorgánica

UN LITRO DE ACEITE CONTAMINA CERCA DE UN MILLÓN DE LITROS DE AGUA!!!.
Cantidad suficiente para el consumo de agua de una persona durante 14 años
¿Cuantas cadenas has mandado solo porque son graciosas o crees que te va a caer la maldición?.
Si tu eliges, reenviar esto para tus amigos, el medio ambiente quedara muy agradecido.
Al final, es bueno para todos.
ASI QUE TOMA EN CUENTA ESTE MAIL Y REENVÍALO YA QUE TODOS SALDREMOS BENEFICIADOS AL FINAL.

ATENCIÓN

el spammer -por lo regular- NO está de acuerdo con los mensajes que AQUÍ se publican, recuerde que esto es sólo un depósito, un gran basurero. (eso sí, las imágenes que acompañan al "spam" son cortesía de la casa: para hacer menos difícil su estancia =)