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domingo, 21 de octubre de 2007

El abogado materialista


Un abogado se compra un BMW nuevito y sale a mostrárselo a los otros abogados en el tribunal. Llega y estaciona sobre la derecha, abre la puerta para salir y en ese momento pasa un camión y le arranca la puerta completita. El abogado se baja y empieza a maldecir como un loco.
Toma su teléfono celular y llama a la policia, que llega muy pronto:

"¡Mi coche recien sacado del concesionario! ¡Este animal, bestia, me arranca la puerta!
Sigue así hasta que el policia le dice: "Pero señor, ¿cómo puede ser usted tan materialista?, ¿no se ha dado cuenta que el camión, cuando se llevo la puerta, también le arranco el brazo desde el codo?"

El abogado se mira el muñón atónito y dice:

"¡Mierda! ¿Dónde está mi Rolex?"

martes, 16 de octubre de 2007

por qué todavía no compre un DVD


por Eduardo Galeano


Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡ Se entregaron inescrupulosamente a los desechables !

Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡ Ni los desechos nos resultaron muy desechables ! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.

¡ Nooo ! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡ Guardo los vasos desechables ! ¡ Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez ! ¡ Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos ! ¡ Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos !

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. ¡ Es más ! ¡ Se compraban para la vida de los que venían después ! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

¡ Nos están fastidiando ! ¡¡¡ Yo los descubrí. Lo hacen adrede !!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿ Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike ? ¿ Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa ? ¿ Quién arregla los cuchillos eléctricos ? ¿ El afilador o el electricista ? ¿ Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros ?

Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡ Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero !! ¡¡ Lo juro !! ¡ Y tengo menos de xx años ! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (¡ y no estoy hablando del siglo XVII !). No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.

De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo' pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'. Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (¡¡¡ y vaya si era un nombre como para cambiarlo !!!).

Me educaron para guardar todo. ¡¡¡ Toooodo !!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo. Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita.

¿ Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo ?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.
Y guardábamos. ¡¡ Como guardábamos !! ¡¡ Tooooodo lo guardábamos !! ¡ Guardábamos las chapitas de los refrescos ! ¡¿ Cómo para qué ?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡¡¡ Tooodo guardábamos !!!

Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón... Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables.

Y las Gillette - hasta partidas a la mitad - se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.

¡ Y las pilas ! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín. Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡ Los diarios !! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡ Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne !

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos… Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'este es un 4 de bastos'.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa (broches) y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney.

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡ minga que la íbamos a tirar ! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se tansformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡ Ah ¡ No lo voy a hacer !

¡ Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable ! Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.

De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.

Hasta aquí.

-Eduardo Galeano

jueves, 16 de agosto de 2007

La droga/ Euler Granda

arte azteca


a más inofensiva,
la más sana,
la que nunca produjo salpullido a nadie;
la que hasta ahora que yo sepa
a nadie le ha pasmado la alegría;
la pájara,
la pajarita
que nos hizo volar sin ser aviones;
la que a mansalva nos hizo sudar miel,
quedar absortos
hasta sacar en conclusión
que el mundo lo teníamos cogido
como a una lagartija por el rabo.
Ese licor,
o si usted lo prefiere
esa licora
que nos hizo espumear sin ser cerveza,
que nos hizo calor en pleno frío.
La rica,
la pura gozadera
que no daba adicción
ni efecto de rebote
ni sueño dependencia
y así todo al respecto.
La bizca,
la bizcacha,
la tuerta,
la tuertacha
que nos hacía ver todo bonito y de colores
Esa descabellada primavera,
ese frescor sin nombre,
ese aroma sin cara,
esa borracha borrachera
que nos exacerbaba el apetito
para que devoráramos las fechas y las calles.
Esa droga, ese placebo
que no era cocaína,
ni peyote, ni crak, ni L.S.D. ni marihuana;
esa droga que en nada coincidía con un ave
y sin embargo era más ave
que las aves.
Esa destartalada,
esa chúcara fruta
que nos hacía sufrir delirios de grandeza,
alucinaciones, vahídos
y sin embargo teníamos
Más salud que los toros.
Esa recontramuerta,
esa enterrada viva droga de la juventud.

* Euler Granda nació en Riobamba, Ecuador, en junio de 1935. La crítica lo ha calificado como una de las voces de más conmovido acento humano que hay en la actual poesía hispanoamericana. Ha publicado los libros de poemas: Voz desbordada (1963); El lado flaco (1968); El cuerpo y los sucesos (1971); La inutilmanía y otros nudos (1973); Un perro tocando la lira (1977); Daquilema Rey y otros poemas de bla, bla, bla (1982); Anotaciones del acabose (Premio Internacional de Poesía Jorge Luis Borges, 1987); Ya paren de contar (1991); Poema con piel de oveja (1993); Relincha el sol (1996) y Que trata de unos gatos (2000). En 1965 se graduó de Doctor en Medicina y Cirugía en la Universidad de Guayaquil. Es Miembro fundador de la Sociedad de Médicos Psiquiatras del Ecuador.




(bueno fuera que muchas personas enviaran así, poemas. gracias) enviado por María

lunes, 13 de agosto de 2007

«Ya sé que voy a ir al infierno»

de "El Paraíso perdido" (1866) de Gustave Doré


«Ya sé que voy a ir al infierno» es el titular de una genial entrevista de ComputerWorld Australia donde un spammer «retirado» (no en el sentido bladerunneriano, sino en el económico) cuenta algunas de sus tácticas y cómo es la vida cotidiana de los que envían correo basura desde el lado oscuro. Estos son algunos de los mejores momentos de la entrevista, merece la pena leerla completa: Former spammer: «I know I’m going to hell»:



Ed es un spammer retirado que hizo una fortuna considerable enviando correos
promocionales de píldoras, porno y casinos. En su mejor momento ganaba entre
10.000 y 15.000 dólares a la semana (…) Comenzó con su negocio cuando le
expulsaron del colegio a los 17, hasta que se retiró a los 22. «Sí, ya sé que
voy a ir al infierno. Pero no soy mal tío, de verdad. Soy básicamente todo lo
que la gente odia de Internet.»Entre sus técnicas estaban enviar correo basura a
ludópatas en recuperación incitándoles a visitar webs de juegos y casinos.
Utilizó direcciones de gente que sabía que compraban medicamentos contra la
ansiedad o antidepresivos y les enviaba correo basura farmaceútico (…) Se pasaba
diez horas al día, siete días a la semana estudiando cómo enviar mejor spam y
superar los filtros de seguridad. «Cuanto mejor era enviando correo basura, más
dinero ganaba.» (…)Si alguien que recibía los mensajes compraba algo, Ed recibía
un porcentaje. En productos farmacéuticos, alrededor del 50 por ciento. El ratio
de respuestas solía ser sólo del uno por ciento. (…) En su último año dijo haber
ganado 480.000 dólares. Racionalizaba sus acciones pensando que spammear no es
lo mismo que robar a la gente. También descubrió que muchos de los que compraban
productos médicos eran adictos a las drogas, y que los productos solían ser
falsos, imitaciones, versiones adulteradas de los originales. La Viagra estaba
«cortada» con anfetaminas, otras «pídoras mágicas» estaban fabricadas en
laboratorios de China, India y Fiji (…) «Dentro de diez años todavía estaremos
recibiendo spam.»


La criaturita ahora ha escrito un libro contando su historia y cómo son las técnicas para spammear mejor: Inside the Spam Cartel: Trade Secrets from the Dark Side, ya disponible en Amazon.


Spamblog: el blog sobre el correo basura, en castellano.
Cárcel para un spammer, a compartir celda con Avocado.
Nueve años para un spammer, otro que estafaba.
«Spammer» asesinado, el final impactante del mayor spammer ruso.
La rentabilidad del spam, lo peor es que funciona.
Enlaces de texto publicitarios como spam, el spam en los blogs.
SpamSieve: la solución al problema del spam en Mac OS X, muy efectivo.




(leído en microsiervos hace muuucho tiempo y pasado intacto al reciclaje propio)

ATENCIÓN

el spammer -por lo regular- NO está de acuerdo con los mensajes que AQUÍ se publican, recuerde que esto es sólo un depósito, un gran basurero. (eso sí, las imágenes que acompañan al "spam" son cortesía de la casa: para hacer menos difícil su estancia =)